“Hay en la pintura mural mexicana una suerte de desgarramiento entre sus ambiciones estéticas y sus ambiciones ideológicas”.
Octavio Paz distingue al muralismo mexicano de otras tendencias expresionistas del siglo XX, a través de sus características propias, y por medio del carácter personal y de las visiones individuales de los artistas inmiscuidos directamente con el muralismo: Rivera, Orozco y Siqueiros. Así mismo por las relaciones y divergencias existentes entre el muralismo y el arte europeo. El muralismo surge, por un lado, como consecuencia de los movimientos artísticos europeos de comienzo de siglo XX (fauvismo, expresionismo alemán); por otro lado, dice Paz, es una negación o repuesta a estos movimientos.
La Revolución mexicana significa una vuelta al origen, y al mismo tiempo es una revelación que inaugura una nueva historia. Determinado por el sentido nacionalista y agrario de la Revolución, el muralismo plasmó al recién revelado México popular y tradicional. El México real fue des-cubierto por la Revolución mexicana. Esta visión es una suerte de legitimación y consagración político/social, que por medio del arte, entre otras cosas, sirvió al naciente estado Revolucionario para afianzarse, convirtiendo así al arte, en arte revolucionario, y la vez, en arte oficial. Éste es el equívoco principal que acabó por desnaturalizar a la pintura mural mexicana según Paz.
Los tres equívocos existentes dentro del muralismo, según Paz, son velos emocionales e ideológicos: El primero es el nacionalismo convertido en un fetiche de culto y de la misma manera el haber convertido a los murales y a los artistas que los crearon en símbolos de culto y veneración, que en el fondo es un arma ideológica y un instrumento para legitimación del gobierno posrevolucionario; el segundo equívoco es la incongruencia estética: decorar edificios antiguos del siglo XVII y XVIII, sedes de dependencias gubernamentales, con temas que no siempre resultan tener un vínculo estrecho con el lugar en donde están pintados; por último, un equívoco de orden político y moral: obras revolucionarias que exponen un marxismo simplista y maniqueo, fueron encomendadas por un gobierno que nunca fue marxista y que había dejado de ser revolucionario. Es una alegoría de los buenos y los malos. El gobierno aceptó que los pintores pintasen en los muros oficiales una visión pseudo marxista de la Historia de México en blanco y negro. Complicidad recíproca entre artistas y el gobierno, pero con la excepción de Orozco, quien le parece a Paz, el más rebelde y original de los tres muralistas.
El muralismo mexicano es, en parte, producto de la Revolución mexicana, pues si no hubiera existido ésta, la pintura mural habría sido muy distinta o no hubiese existido; fueron las circunstancias históricas y sociales las que posibilitaron el nacimiento de éste movimiento artístico. Así mismo, la otra parte que posibilitó el surgimiento del muralismo, es, en esencia, la aparición de un grupo de artistas que vio con ojos no académicos, la realidad. Aunado a la anterior está otra circunstancia decisiva, no política sino estética, no nacional sino internacional: la lección del arte moderno de Europa, que iniciada por los románticos en el siglo XIX, rescata la tradición y las artes de los pueblos primitivos y de las “otras” civilizaciones no occidentales, comprendiéndolas y fascinándose con ellas. Los muralistas, según Paz, han sido “tímidos” en la utilización de las formas precolombinas y populares. Rivera revela en sus formas una visión académica y europea del mundo indígena. Siqueiros estuvo más cerca del arte barroco y del futurismo italiano que del arte popular. Lo mismo puede decirse de Orozco: tuvo mayor afinidad con el expresionismo europeo que con las artes tradicionales de México. La pintura mural mexicana es el resultado tanto en el cambio en la conciencia social que fue la Revolución mexicana como del cambio en la conciencia estética que fue la revolución artística europea del siglo XIX.
Las deudas del muralismo con la pintura moderna europea son muchas. Estás son, principalmente, de carácter formal. Las influencias de artistas europeos en los artistas mexicanos es uno de los puntos que considero, son lo más importantes en la visión de Paz en torno al muralismo mexicano. Rivera estuvo por 20 años en Europa, y en la perspectiva del autor, nunca dejó de ser un artista académico, con muchos recursos, tal vez maestría, pero académico, sin pasión, su arte no brota de dentro, es pintura exterior, simple “ilustración”. Gauguin es pieza clave en la interpretación de Rivera del hombre y la naturaleza mexicanos. Las indias y los indios de Rivera vienen de Gauguin. También tiene afinidad, en ciertos momentos, con Ensor y Léger. Rivera fue el más culto, pictóricamente hablando, de los muralistas pero los otros también conocían las experiencias y logros de la pintura moderna. En Siqueiros hay ecos, lo mismo en su pintura que en sus preocupaciones estéticas, del futurismo italiano la tentativa por pintar el movimiento es algo que comparte Siqueiros con Boccioni. En cuanto a Orozco: aparte de la influencia de Daumier y Toulouse-Lautrec, hay las coincidencias y afinidades con el expresionismo alemán y con artistas que vienen del fauvismo como Rouault. Y en Orozco aparece la influencia de Ensor y de Kokoschka. Van Gogh, Gauguin y Cèzzane son fuentes comunes de las cuales bebieron el expresionismo y el fauvismo, al igual que los muralistas.
La pintura de Rivera esta más cercana al fauvismo y es una alegoría de la materia como sustancia cósmica, la de Orozco y Siqueiros es expresionista, diferenciada del expresionismo europeo por no ser un asunto de sensibilidad sino ideológico. El expresionismo europeo es un arte crítico que va contra la sociedad y el estado, el muralismo es un arte de estado. El expresionismo europeo y el mexicano, plasmado en los murales, son dos caminos que se cruzan pero se dirigen a direcciones opuestas.
La Revolución mexicana significa una vuelta al origen, y al mismo tiempo es una revelación que inaugura una nueva historia. Determinado por el sentido nacionalista y agrario de la Revolución, el muralismo plasmó al recién revelado México popular y tradicional. El México real fue des-cubierto por la Revolución mexicana. Esta visión es una suerte de legitimación y consagración político/social, que por medio del arte, entre otras cosas, sirvió al naciente estado Revolucionario para afianzarse, convirtiendo así al arte, en arte revolucionario, y la vez, en arte oficial. Éste es el equívoco principal que acabó por desnaturalizar a la pintura mural mexicana según Paz.
Los tres equívocos existentes dentro del muralismo, según Paz, son velos emocionales e ideológicos: El primero es el nacionalismo convertido en un fetiche de culto y de la misma manera el haber convertido a los murales y a los artistas que los crearon en símbolos de culto y veneración, que en el fondo es un arma ideológica y un instrumento para legitimación del gobierno posrevolucionario; el segundo equívoco es la incongruencia estética: decorar edificios antiguos del siglo XVII y XVIII, sedes de dependencias gubernamentales, con temas que no siempre resultan tener un vínculo estrecho con el lugar en donde están pintados; por último, un equívoco de orden político y moral: obras revolucionarias que exponen un marxismo simplista y maniqueo, fueron encomendadas por un gobierno que nunca fue marxista y que había dejado de ser revolucionario. Es una alegoría de los buenos y los malos. El gobierno aceptó que los pintores pintasen en los muros oficiales una visión pseudo marxista de la Historia de México en blanco y negro. Complicidad recíproca entre artistas y el gobierno, pero con la excepción de Orozco, quien le parece a Paz, el más rebelde y original de los tres muralistas.
El muralismo mexicano es, en parte, producto de la Revolución mexicana, pues si no hubiera existido ésta, la pintura mural habría sido muy distinta o no hubiese existido; fueron las circunstancias históricas y sociales las que posibilitaron el nacimiento de éste movimiento artístico. Así mismo, la otra parte que posibilitó el surgimiento del muralismo, es, en esencia, la aparición de un grupo de artistas que vio con ojos no académicos, la realidad. Aunado a la anterior está otra circunstancia decisiva, no política sino estética, no nacional sino internacional: la lección del arte moderno de Europa, que iniciada por los románticos en el siglo XIX, rescata la tradición y las artes de los pueblos primitivos y de las “otras” civilizaciones no occidentales, comprendiéndolas y fascinándose con ellas. Los muralistas, según Paz, han sido “tímidos” en la utilización de las formas precolombinas y populares. Rivera revela en sus formas una visión académica y europea del mundo indígena. Siqueiros estuvo más cerca del arte barroco y del futurismo italiano que del arte popular. Lo mismo puede decirse de Orozco: tuvo mayor afinidad con el expresionismo europeo que con las artes tradicionales de México. La pintura mural mexicana es el resultado tanto en el cambio en la conciencia social que fue la Revolución mexicana como del cambio en la conciencia estética que fue la revolución artística europea del siglo XIX.
Las deudas del muralismo con la pintura moderna europea son muchas. Estás son, principalmente, de carácter formal. Las influencias de artistas europeos en los artistas mexicanos es uno de los puntos que considero, son lo más importantes en la visión de Paz en torno al muralismo mexicano. Rivera estuvo por 20 años en Europa, y en la perspectiva del autor, nunca dejó de ser un artista académico, con muchos recursos, tal vez maestría, pero académico, sin pasión, su arte no brota de dentro, es pintura exterior, simple “ilustración”. Gauguin es pieza clave en la interpretación de Rivera del hombre y la naturaleza mexicanos. Las indias y los indios de Rivera vienen de Gauguin. También tiene afinidad, en ciertos momentos, con Ensor y Léger. Rivera fue el más culto, pictóricamente hablando, de los muralistas pero los otros también conocían las experiencias y logros de la pintura moderna. En Siqueiros hay ecos, lo mismo en su pintura que en sus preocupaciones estéticas, del futurismo italiano la tentativa por pintar el movimiento es algo que comparte Siqueiros con Boccioni. En cuanto a Orozco: aparte de la influencia de Daumier y Toulouse-Lautrec, hay las coincidencias y afinidades con el expresionismo alemán y con artistas que vienen del fauvismo como Rouault. Y en Orozco aparece la influencia de Ensor y de Kokoschka. Van Gogh, Gauguin y Cèzzane son fuentes comunes de las cuales bebieron el expresionismo y el fauvismo, al igual que los muralistas.
La pintura de Rivera esta más cercana al fauvismo y es una alegoría de la materia como sustancia cósmica, la de Orozco y Siqueiros es expresionista, diferenciada del expresionismo europeo por no ser un asunto de sensibilidad sino ideológico. El expresionismo europeo es un arte crítico que va contra la sociedad y el estado, el muralismo es un arte de estado. El expresionismo europeo y el mexicano, plasmado en los murales, son dos caminos que se cruzan pero se dirigen a direcciones opuestas.
Octavio Paz, Los muralistas revisitados, en: Obras completas de Octavio Paz, Los privilegios de la vista.

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