Efectivamente, el aniversario de la México Catedral fue todo un éxito; y un suceso de suma trascendencia en la historia del deporte mexicano. Cumplió las espectativas del público, demostrando la calidad del buen espectáculo que es el entretenimiento deportivo de la lucha libre mexicana y nos deja a todos con un buen sabor de boca.
El resultado de "Infierno en el ring", arenga luchística en la que participaron 8 gladiadores de alto calibre, es muy positivo dentro de la óptica de un servidor. El perdedor del encuentro, quien se tuvo que despojar de su querida máscara de por vida, o por lo menos mientras siga en activo dentro del circuito profesional de lucha libre mexicana, fue el rudo Lizmark jr. De acuerdo con lo esperado y dándole la razón a los pronósticos, se cumplió el vaticinio que muchos adeptos al bello espectáculo de la lucha libre habían hecho, entre ellos yo.
Fue un encuentro titánico, 8 furiosos valientes ansiosos por la gloria, juntos pero enfrentados dentro del ring, esperando despedarze y salvar su más querido artilugio y emblema, o signo indicial: su máscara, o en su defecto la cabellera, a sabiendas que en cualquier momento el espectro de la mala fortuna los pudo sorprender y se provocaran o les causaran una lesión grave o hasta la muerte, nos dieron un espectáculo maravilloso. Una explosión de técnicas, llaves, contrallaves y castigos severos, algarabía de la tradición de la lucha desarrollada desde la antigüedad griega y romana en sus gimnasios y coliseos, hasta la poesía en movimiento desarrollada por el Místico fueron sucediéndose en esta lucha hasta llegar al culmen: ver a uno ellos despojarse por cuenta propia de su máscara máscara.
Ahora, esperaremos con ansia el próximo aniversario de la México Catedral. Nos vemos el año que viene!


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