domingo, 23 de septiembre de 2007

Análisis Visual, Formal y Explicación histórica de un cuadro.






Michelangelo Merisi “Caravaggio”, 1595-1600 (hecha muy probablemente antes de la primavera de 1598).
Galería degli Uffizi, Florencia
55,5 cm. de diámetro
Óleo sobre lienzo en un escudo de álamo preparado al efecto y revestido de cuero.

Caravaggio no pintó esta vez sobre una superficie normal sino sobre un “suntuoso” escudo convexo que decoró durante mucho tiempo en la sala de armas de los Médicis en Florencia, el escudo formaba parte de una armadura que el sha de Persia Abbas había regalado a Fernando de Médicis duque de la Toscana.

Partiendo de la leyenda clásica de Perseo y Medusa, quien había cortado la cabeza a la monstruosa Gorgona se crea una imagen paradójica, pues la cabeza ya esta arrancada o más bien cortada del tronco y la sangre chorrea de la garganta. Pero la vida no ha desaparecido: con los ojos desencajados por el terror, la gorgona lanza su última mirada al mundo y de su boca un grito de muerte.

Nuestro personaje: Medusa, en el momento cumbre del tema. En un fondo neutro que funciona para crear efectos de luz y sombra. No hay paisaje, ni elementos arquitectónicos. La cara es un modelo tomado de la realidad, los animales o sea las serpientes tienen correspondencia física con las que podríamos encontrar en la naturaleza. Las proporciones de la cara son similares, tal vez un poco más pequeñas que las de una cara humana de adulto, tomando en cuenta las medidas del escudo (55.5 cm.). Medusa asoma un sentimiento de horror reflejado en la mirada desencajada y en la boca que parece exhalar un estruendo terrible.

El espacio se crea en función del contraste de luz y sombra sobre un fondo neutro, para darle volumen a la figura o en este caso la cabeza de medusa desde un ángulo frontal, cual retrato. Las líneas son predominantemente delgadas, cortas y curvas para el contorno y los rasgos de la cara, pero principalmente en las serpientes advertimos el manejo de la línea, para darles movimiento a las serpientes que valga la redundancia parecen serpentear.

La paleta de colores del artista consta de varios pigmentos que se repiten muy a menudo en diferentes obras del mismo. Para el fondo neutro utilizó verde tierra y sombra natural (negro de humo). La carnación es blanca y está hecha con rosacio (siena, ocre, azul ultramar, pardo, tostados, rojo de oxido) que logra los contrastes de luz (amarillo de Nápoles, amarillo ocre) con sombra tostada, los tonos rojizos que resaltan en la pintura se deben en parte a la naturaleza de la imprimatura (rojo de óxido, rojo de cola y blanco de España) del cuadro. Los ojos y los dientes llevan blanco de plomo en pequeños destellos casi imperceptibles, las cejas son negras, y los labios rojos (rojo de laca). Para las serpientes utiliza grises, pardos y blanco de plomo. Con preferencia por tonalidades oscuras que contrastan con destellos de luz, son todos estos colores relativos a la naturaleza.

La luz y la sombra juegan un papel importante para modelar rasgos de la cara y principalmente para el modelado de las serpientes y el movimiento que realizan. El foco de luz es artificial y viene del ángulo superior izquierdo hacia el inferior derecho, en diagonal, esto se nota en los destellos de luz sobre los cuerpos de algunas serpientes que se mueven.

Existe relación psicológica entre Medusa y las serpientes. La primera, por el sufrimiento u horror que experimenta, el cual logra interacción con el movimiento errante de las serpientes, que parecen alteradas por la condición del momento. Pero la principal relación psicológica sería en este caso con el espectador de la pintura.

Aunque el escudo es convexo, Caravaggio crea la ilusión de una superficie cóncava y luego utiliza esta forma física para proyectar con fuerza la imagen hacia el espectador, de manera que la Gorgona parece mirarnos con desprecio desde una proximidad asombrosa. El espectador puede sentir que el horror de Medusa le alcanza y es hipnotizado por el poder del cuadro; el tema es irreal y nigromántico y tiene una presencia inquietante. Helen Langdon en su biografía de Caravaggio menciona que el tema de la obra fascinó a los poetas de la época y Giovanni Battista Murtola, quizá poco después de pintarse el cuadro escribió:

¿Es ésta Medusa, la de cabellos venenosos
con miles de sierpes?
Así es; ¿no ves acaso cómo mueve los ojos, cómo
los pone en blanco?
Huye, huye de su cólera, huye de su desdén,
Pues si te alcanza su mirada,
te convertirá en piedra también.

Su poema transmite la fuerte impresión que causa el cuadro, que parece cobrar vida al mirarlo. Recrea la sensación que siente Murtola, la sensación de que la obra de arte aumenta el poder inmovilizante de Medusa, y que el asombro y la estupefacción cautivan al espectador y consiguen petrificarlo.

El cardenal Cosimo del Monte y Fernando de Médicis compartían muchos intereses científicos. Caravaggio pintó esta imagen de Medusa producto de los intereses más afines que les unían a estos toscanos, imagen que del Monte envió o bien, llevó a Florencia, seguramente con el fin de extender la fama del pintor y enseñar las obras de su protegido al duque.

En la literatura clásica, Medusa la Gorgona de cabellos de serpientes, murió en manos del héroe griego Perseo y su cabeza adornaba la égida de Zeus y Atenea. Sus ojos transformaban en piedra a los hombres, pero Perseo la engañó y le mostró su reflejo en un espejo para poder decapitarla. Caravaggio capta el preciso momento en que Medusa se ve a si misma y, con un grito de terror, es partícipe de su fatal destino, al tiempo que la sangre casi coagulada cae como estalactitas de su garganta, sobre la superficie cóncava del escudo. Una posible lectura sería que Caravaggio pintó pensando en el escudo auténtico de Atenea, o en las imágenes de Medusa aterrando al enemigo que se habían pintado sobre armaduras y escudos desde la antigüedad.

Este tema estaba muy vinculado a Florencia y a los Médicis, pues la Medusa tenía una larga historia en la literatura y el arte florentinas. En la Piazza della Signora se alzaba una estatua de Benvenuto Cellini de Perseo con la cabeza de Medusa, una obra que parecía simbolizar el poder del arte para cautivar al espectador con su belleza viva, hasta el punto de convertirlo en mármol al contemplarla, una presunción que revelaba los fuertes tributos que debían pagar los poetas florentinos. Tenía también una interpretación política, y podía entenderse como un tributo al duque Cosimo, una alegoría de su poder para imponer la paz y la virtud sobre el vicio. Es más, el duque Cosimo poseía otra celebre versión del tema, la Medusa pintada por Leonardo daVinci, que Giorgio Vasari (biógrafo y pintor de la época) describe someramente: “Se les ocurrió pintar al óleo la cabeza de Medusa, con muchas serpientes por cabellos, la invención más extraña y extravagante jamás concebida (…). Ésta era una de las obras notables que poseía el duque Cosimo”. Pero un poco antes de esta descripción, Vasari escribió sobre una imagen que Leonardo pintó para un campesino que le había dado un pequeño escudo para decorar. Al igual que había hecho con la Medusa, Leonardo quería crear una imagen que inspirara terror. Según Vasari el pintor reunió en una pequeña habitación en la que nadie podía entrar “lagartos, grillos, serpientes, mariposas, langostas, murciélagos y otros especimenes de criaturas extrañas”, a partir de las que pintó un conjunto aterrador, un monstruo de aliento venenoso, que exhalaba fuego por la boca y cuyo poder ilusorio horrorizó al campesino cuando fue a recoger el encargo. La historia presenta a Leonardo como un nigromante, y es posible que Del Monte a quien tanto fascinaba la alquimia, deseara que Caravaggio competiera con su gran predecesor y que, a través de la observación de la naturaleza, creara un monstruo imaginario aún más horripilante que el de Leonardo. Compartía este interés con Fernando de Médicis, y el regalo de la Medusa implicaba un halago refinado, ya que la Medusa, que transformaba a los hombres en piedra, los protegía de las tentaciones mundanas y acabó por convertirse en un símbolo del triunfo de la virtud.

Las víboras que envuelven la cabeza de la Gorgona que vemos tienen su origen en un dibujo de Jacopo Ligozzi, que hoy se encuentra en el museo Ufizzi, y es posible que el duque de la Toscana enviara a Del Monte una copia de la obra.

Esta pintura de Caravaggio también nos lleva a pensar en el interés de sus contemporáneos por los efectos fantásticos que tenían los espejos de la época y provenientes de lugares como Venecia. Eran objetos muy caros y refinados a los que pocos tenían acceso. Algunos historiadores del arte como Eberhard Köning proponen que la cabeza de Medusa es un autorretrato de Caravaggio, ya que es obvio que estudió bien su propio rostro que de ser así modificó bastante, o bien, es el rostro de un modelo masculino iluminado por una lámpara en un espejo convexo oscurecido, lo cual produciría el efecto de las distorsiones y otorgaría al cuadro su extraño poder. Las suposiciones de que empleó espejos y otros recursos ópticos parecen demasiado rebuscadas. No obstante en una pintura de finales de la década de 1590 la Conversión de Magdalena aparece un gran espejo veneciano convexo, de superficie oscura (un objeto muy refinado y caro, al que Caravaggio pudo haber tenido acceso, al haber estado hospedado en el palacio del Cardenal Del Monte) que hasta podría haber sido el que empleó para los estudios de cabeza de Medusa según propone Helen Langdon.

Seguramente Caravaggio conoció los escritos de Giovanni della Porte, científico excéntrico y fascinante que en su obra Magia Naturalis (1558) dedica un capítulo a los espejos cóncavos, bajo el título “De espejos extraños”, y hace una sugerencia de los usos que se le pueden dar. La palabra “espejo” está relacionada con la palabra “espejismo” y el cuadro de Caravaggio es una ilusión, un espejismo de terror que sobrecogía al espectador. Es profundamente inquietante, pues mientras la cabeza desprendida del cuerpo, inservible pero viva, sustituye nuestra propia imagen provocando una fuerte impresión psicológica. Este tipo de efectos fascinaba a los poetas contemporáneos, ya que los espejos de esta época, si bien costosos, reflejaban una imagen nítida, con la cual devinieron símbolos de la ambigüedad de la vida y la muerte.

1 comentario:

Mohana Alejandro Palas dijo...

Si pusieran bibliografías de donde sacan la información sería mucho mejor