lunes, 1 de octubre de 2007

Cortesía de la casa: otro análisis visual y formal de un cuadro, excluí la explicación histórica



Magdalena arrepentida o Magdalena de las dos flamas.
Georges de la Tour, circa 1630.
The Metropolitan Museum of Art, colección Wrighstman, Nueva York, EE.UU.
Óleo sobre lienzo, 134 X 92 cm.

La imagen que vemos es la de una mujer que se encuentra sentada, posando, tiene la cara volteada como mirando hacia la pared. La posición de la cabeza respecto al cuello es un tanto exigida. Lleva el cabello suelto y alaciado que cae hacia la espalda resbalando por sus hombros de manera natural.

Está vestida con lo que podríamos considerar una blusa de color blanco (blanco de plomo), en la cual, al doblarse la tela, provoca una tonalidad más oscura que va del color ocre en algunos pliegues, hasta hacer que se oscurezcan con sombra tostada y sombra natural para crear los efectos del doblez. La blusa, desabotonada, se abre y nos permite ver su cuello y torso. La manga, recogida, nos permite ver casi todo su antebrazo derecho. La larga falda de color rejalgar que lleva, le cubre totalmente las piernas y parte de sus pies. Tratando de precisar en los atributos o formas de su cuerpo, observamos una complexión regular.

Lleva las manos entrecruzadas encima de un cráneo humano que está colocado sobre sus piernas, muestra un semblante de serenidad en la pose, no interactúa con nadie, no hay relación psicológica más que consigo misma. Ensimismada, demuestra su penitencia.
A su lado se encuentra un espejo cuadrado dentro de un marco dorado y labrado en madera. En el espejo, se refleja una vela que está frente a este, la vela está colocada en un candelero; todo esto está sobre una mesa, al perecer de madera. En la mesa también está un collar de perlas blancas (blanco de plomo) y un canasto pequeño detrás del espejo; la iconografía atribuye a la Magdalena las perlas como símbolo de vanidad y el espejo se refiere asimismo con ella por la misma cuestión, la vanidad.

Nuestra Magdalena es un retrato a partir de una composición diagonal, está dentro de un espacio cerrado y oscuro, sobre un fondo neutro, que funciona para crear efectos de luz y sombra. No hay paisaje, ni elementos arquitectónicos. El cuerpo es un modelo tomado de la realidad. La línea de horizonte es baja. Podríamos dividir el espacio en dos partes verticales: una iluminada y la otra oscura. La luz proviene de la flama de la vela y se refleja en el cuerpo de la mujer, en su pecho, piernas y paños con que está vestida. Asimismo, la luz se refleja en el cráneo que porta como símbolo de la muerte y pesadumbre.

Las líneas tienen como función principal dibujar el contorno de la nariz, de la cara en perfil y del cuello. En los paños advertimos que la línea es primordialmente larga, delgada y recta, a veces semicurva, para dar el efecto de una caída respectiva de los paños con correspondencia al cuerpo y la posición que adquieren al estar sobre el mismo. Pero más que linearista está pintura es pictórica.

Los colores que integran la paleta del pintor son: negro de humo, sombra natural y tostada, ocre, rejalgar, siena y tostados que se advierten en los paños con que magdalena cubre su carne y las sombras que producen. La carnación es blanca y está hecha con rosaccio (siena, ocre, azul ultramar, pardo, tostados, rojo de oxido). La naturaleza de la imprimatura permite que destellos de color salten a la vista.

Las pinturas de La Tour, como esta, que son de su etapa de madurez artística, están marcadas por una reducción geométrica de las formas humanas y los rasgos originales son el tratamiento de la luz dirigida o creada por medio de velas o antorchas, dentro de un espacio cerrado y oscuro Prefiere las tonalidades cálidas y oscuras en función del realismo y el claroscuro